Psicoterapia Individual Sistémica

Las principales palabras clave que definen una terapia sistémica son cambio, proceso, comunicación e interacción.

La idea básica sistémica de ver a la persona en su entorno, es decir en el contexto del sistema del que forma parte, no queda anulada en la terapia individual. Por una parte existen muchos casos en que no es posible, eficiente o simplemente no resulta conveniente la concurrencia del grupo completo que constituye el sistema (la familia, la pareja, el equipo de trabajo). Por otra parte sin duda puede resultar muy adecuado trabajar determinadas cuestiones en la esfera más íntima de la terapia individual. Y por último, un terapeuta sistémico deberá poder tener en cuenta la complejidad de la red de relaciones del entorno de quien consulta, sin que necesariamente esas personas se encuentren físicamente presentes en su consulta.

No todas las personas que consultan por una psicoterapia necesitan iniciar una. Alguien ha comparado la aplicación de psicoterapia a quien no la necesita con la idea bizarra de un consultorio que enyesa "por si acaso" a cualquiera que concurra con algún dolor en un brazo o en una pierna (Haley, 1996).

Muchas veces sólo se busca la ayuda psicológica como orientación y consejo, cuestiones que resultan mucho más eficientes dentro de los marcos de una intervención breve o de un asesoramiento psicológico o consejería.

¿Cuándo resulta aconsejable consultar?

Siempre que una persona sienta que requiere ayuda psicológica o cuando personas que estima le han hecho ver que tal vez necesite asistencia profesional, más valdrá concurrir y obtener mayor claridad sobre la necesidad de una psicoterapia o de otra forma de intervención. Pero particularmente esto es relevante en los siguientes casos:

  • Falta esencial de ánimo para asumir las labores diarias, el trabajo, la vida familiar.
  • Tristeza sin causa definida que se extiende por algún tiempo relativamente prolongado.
  • Dificultades para recuperar la vida normal tras situaciones de pérdida o duelo.
  • Pánico, miedo sin motivo, ansiedad, descontrol.
  • Síntomas de estrés.
  • Timidez extrema, falta de competencias sociales, soledad vivenciada con dolor.
  • Dificultades en el funcionamiento sexual.
  • Problemas de adicción, abuso de alcohol, tranquilizantes ú otras drogas.
  • Distorsiones en la relación con el propio cuerpo y con los alimentos, desórdenes alimenticios.
  • Aparición de síntomas físicos sin causa orgánica definible y con fuerte componente emocional.

En estos casos es posible que una terapia o alguna otra forma de intervención o asistencia psicológica pueda ser de gran ayuda.